Comida Grasosa De La Comodidad Disminuye Sentimientos Tristes

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Hay una razón detrás de por qué la comida grasosa y reconfortante te hace sonreír. La ingestión de grasa puede disminuir los sentimientos de tristeza, lo que afecta el comportamiento y las respuestas neuronales a las emociones negativas, según muestra un estudio reciente.

Ya sea que recurras al puré de papas, a la pizza con queso extra oa un jugoso asado, hay una razón por la que los alimentos grasos y reconfortantes son muy buenos. La ingestión de grasa puede disminuir los sentimientos de tristeza, afectando tanto nuestro comportamiento como nuestras respuestas neuronales a las emociones negativas, según muestra un estudio reciente.
Para registrar cómo el consumo de grasas influye en el estado de ánimo, los investigadores en Bélgica reclutaron a 12 personas sanas y no obesas, que aceptaron ayunar durante 12 horas, tienen tubos de alimentación conectados directamente a sus estómagos y se someten a exámenes cerebrales.
Durante los exámenes de resonancia magnética funcional de 40 minutos, los investigadores de la Universidad de Lovaina tocaron piezas tristes o neutrales de música clásica y mostraron a los participantes imágenes de expresiones faciales que mostraban emociones tristes o neutrales.
Tres minutos después de la exploración, los investigadores administraron una solución a través de un tubo de alimentación. La mitad de los participantes recibieron 8.45 onzas líquidas (250 mililitros) de ácido dodecanoico, un ácido graso que se encuentra en la leche materna, Twinkies y muchos aceites vegetales. El grupo restante obtuvo un líquido salino al 0,9 por ciento. [Los 7 mitos más grandes de la dieta]
En cuatro puntos durante la exploración de fMRI, se pidió a los participantes que calificaran los niveles de hambre, plenitud o náuseas utilizando una escala de 9 puntos. También calificaron sus estados de ánimo.
Aquellos que recibieron la solución de ácidos grasos informaron una respuesta menos negativa a la emoción triste que aquellos que recibieron la solución salina.
Los hallazgos no mostraron diferencias en los sentimientos de hambre, plenitud o náuseas entre los receptores.
Los investigadores dijeron que nuestras emociones afectan las señales de hambre y saciedad que las tripas envían al cerebro, y éstas juegan un papel crucial en qué, y cuánto, elegimos comer.
Los investigadores notaron que las personas informaron sentirse más hambrientas cuando se evocaban emociones tristes y menos hambrientas en condiciones de emoción neutra.
Cuando estaban tristes, era más probable que las personas informaran sentirse menos llenas que cuando se sentían emocionalmente neutrales.
Los investigadores señalaron que los hallazgos pueden proporcionar información sobre problemas de salud y del estado de ánimo, como obesidad, depresión, comer en exceso emocional, trastornos de la alimentación y dispepsia funcional, un trastorno caracterizado por malestar o dolor abdominal.
El estudio fue publicado en la edición de agosto del Journal of Clinical Investigation.

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